—¡Ahora sí perdiste el juicio Ámbar!—gimió Jessie, mirándola a través de la pantalla— ¡No te lo puedo creer!
—Nos amamos Jessie, no se trata únicamente de pasión. Nos amamos realmente, merecemos ser felices.
—¡Pero es un sacerdote!— le dijo agitada.
—Como si no lo supiera— rió.— es un hombre Jessie, el hombre que amo. No necesito nada más.
—Ámbar, sé que dije que necesitabas acción, pero creo que te pasaste.
—Jess, yo estoy feliz, él me hace feliz. Es lo único que debería importarte, eres m