Siguieron comiendo en completo silencio, cada uno concentrado en su plato.
—Mamá, quiero ir al baño —dijo Yulia, haciendo un pequeño puchero mientras se limpiaba los labios con la servilleta.
Intentó saltar de la silla, pero estaba demasiado alta, así que miró a su papá con los ojos abiertos ampliamente, esperando que la ayudara.
—Papá, cárgame.
Diego, sin decir palabra, la levantó con suavidad.
—Muchas gracias, papá.
Qué educada estaba su hija, pensó Diego con una sonrisa, mientras la besaba en