Solara, le hacía mucho honor a su nombre y allí el clima era típicamente tropical, con la humedad y el calor propios de montaña lluviosa. Aquella noche, las temperaturas rozaban los 36 grados.
Nicolás, quien antes lucía una piel clara, ya había experimentado un cambio notorio: tras varios días bajo el implacable sol, su piel había adquirido un tono mucho más bronceado.
Refugiado en una casa al final de un callejón descuidado de Solara, Nicolás percibía cómo la situación estaba al borde de lo to