Diego colgó tras recibir la llamada de disculpas de Javier y se dirigió a la cocina. Se colocó detrás de Marina, rodeando su delgada cintura con un brazo.
—Javier acaba de llamarme para disculparse —anunció.
—Marina, ¿no acabamos de comer? —Diego levantó una ceja al observar los huevos en la cacerola. Ambos habían disfrutado de una buena comida hace poco. Su mano acarició con ternura el borde de su camiseta, rozando su vientre.
—¿Aún tienes hambre?
La calidez de su palma resultaba ser reconforta