Marina se cubrió el abdomen con los ojos cerrados, su rostro pálido reflejaba la incomodidad que sentía.
Le llegó la menstruación, siempre esta era irregular y esto le causaba mucho dolor.
Una oficial de policía, con buena intención, le ofreció pan y una taza de café caliente.
El abogado enviado por Diego, un reconocido experto en la materia, le informó que ya podía salir bajo fianza y Diego la esperaba fuera de la comisaría.
Pero ella debía estar disponible en todo momento, ya que aún pesaban