Pasaron los meses e Irina no volvió a comunicarse conmigo, eso me volvía loco.
Varias veces por semana me desviaba camino hacía algún lugar y pasaba por la puerta de su domicilio, ahí fue cuando la vi hablando con obreros y unos días después vi un cartel inmenso que decía IrKro, tu instituto de idiomas.
Había pequeñas banderas de varios países, y una dirección de la página web del lugar y como se la ubicaba en las distintas redes sociales.
Estaba emocionado, pensando que ella saldría adelante c