Cuando entró al juzgado ya había olvidado a Sergio, el café e incluso a Daniel. Su mente estaba centrada sólo en el trabajo. La declaración era importante, pero era un mero trámite. Únicamente tenía que procurar que nadie se diera cuenta de que estaba tan alterada. Enseñó su identificación en la puerta y se dirigió al juzgado que le correspondía. Ya había llegado el abogado de la parte contraria, pero no vio a Manuela por ningún lado y se sintió un poco intranquila. Esperaba que no tardara much