Se acerca a mi y me recoge un cabello rebelde llevándolo detrás de mi oreja.
—Te tengo a mis pies estrellita —susurra en mi oído, al que le recogió mi cabello— y por eso no tengo necesidad de ponerme histérico. —eso se escucha a una confesión—. sé que no harás nada con ese chico porque no te hará sentir lo que yo te haré sentir.
—¿Y que me harás sentir, según tu? —dije en tono de burla.
—Los hechos hablan más que las mismas palabras, estrellita.—Muerde el lóbulo de mi oreja y logra hacer que