67. ¿Qué es lo que planeas hacerme?
Un dolor punzante en la cabeza despertó a Victoria. Un sabor dulzón y penetrante, tan nauseabundo que le revolvía el estómago, inundaba sus fosas nasales. Mantenía los ojos cerrados, temiendo que al abrirlos el mundo a su alrededor diera vueltas. Pero era necesario. Debía ser fuerte. Con una profunda inhalación, se atrevió a abrirlos, siendo cegada momentáneamente por la intensa luz de la lámpara del techo.
—¿Dónde estoy? —susurró para sí misma, sin esperar respuesta de nadie.
—¿Qué bueno que y