37. No estoy segura de que sea tu hijo.
Victoria se sentía a gusto con los labios de Erwan mimándola tras el orgasmo que acababa de experimentar, acariciaba su espalda, sintiéndolo dentro, todavía un poco más, hasta que por propia naturaleza su erección abandonó el interior de su cuerpo.
Era imposible que su sonrisa se borrara de sus labios, o eso creía hasta que lo escuchó hablar, no podía ser, no podía permitirlo, eso no podía pasar, su hermana ya la odiaba, no imaginaba lo mucho que la odiaría si llegaba a enterarse de lo suyo con