Capítulo XXXIII. El regalo de un desconocido. Parte 2.
Finlay.
Tuvieron que sujetarme fuerte, cuando el muy cerdo comenzó a insultar a Ailan, y fue a por ella, pero justo en ese momento, con una velocidad alucinante vi como mi futuro cuñado se movía rápido, como si lo tuviera previsto, y de un solo movimiento, se puso delante de Ailan para protegerla, y de un puñetazo, que me hubiera encantado darle yo, lo derribó al suelo.
- “¡Joder con tu cuñado!, yo que tú tengo cuidado, y trato bien a tu diosa, o ese te cambia la cara de niño bonito.”- dijo