Capítulo XXXII. El regalo de un desconocido. Parte 1
Finlay.
Pese a que dije que no iría a la sala de juicio, para ver cómo se desarrolla la maldita demanda de divorcio de mi diosa, sabía que no podría evitarlo, así que, tras convencer Sean, para que nos diera algunas ideas para poder pasar así desapercibido, gracias a que, por su trabajo de actor, se había convertido en un experto en el camuflaje entre multitudes, obligué a mis dos mejores amigos, a acompañarme a la sala de juicio.
Pese a lo complicado que era intentar que tres hombres de más