Capítulo XLIX. Acciones que crean incredulidad.
Ailan.
Durante el trayecto decidí que ni siquiera lo iba a mirar, bastante ofendida me había sentido cuando de mis manos, uno de los escoltas de Finlay, me arrebató las llaves de mi deportivo, mientras yo estaba colgada como un Jamón del hombro de ese hombre.
- “Tranquila, señora Alacintye, lo dejare en su lugar en su garaje.”- me dijo mientras yo era llevada por un escocés troglodita, a la gran limusina blanca que me había esperado por fuera de mi ático, y que sin saber cómo, apareció de l