Capítulo LXXXV. Regalos de Navidad inesperados.
Ailan.
Esa mañana me desperté con la sensación de no haber dormido nada, tras lo que había pasado con Hanna, me sentía como la peor persona, y amiga, del mundo. Para colmo sólo me había dejado un mensaje, donde me decía que necesitaba alejarse un tiempo, que cuando pudiera, se comunicaría conmigo. A partir de ese momento, su móvil había estado desconectado.
Tampoco ayudaba que supiera que mi hermano estaba pasando por un auténtico infierno, en el fondo sabía que se lo merecía por déspota, org