Daniel abrió los ojos despacio al ver la luz del sol colarse por la ventana de la habitación. Lo primero que vio fue el rostro de Sam con los labios entreabiertos y el cabello desordenado. La comisuras e sus labios se alargaron causando que su sonrisa le llegar a los ojos. Observar a la joven tan tranquila y en su estado natural le alegraban y lo mejor, tenerla en sus brazos era algo mágico. Debía admitir que no había sentido algo como esto en toda su vida. Ni siquiera cuando intentó las cosas