Ya que el abuelo ya entendió mis dudas, asentí directamente con la cabeza dejando de lado mis preocupaciones. Le respondí:
—Exacto.
Él levantó la mano, indicándole a Manuel que le trajera algo.
Era un desgastado expediente médico. Lo tomé y mi corazón se estrujó como si una mano invisible lo apretara.
Era los registros de la infancia de Marc. Había visitado al psicólogo durante muchos años...
Levanté la mirada aturdida, sin poder creer lo que había visto. Ese genio inigualable en los ojos de los