—¿No serás tú quien me cambió la ropa? —pregunté, despertando en el barco con un pijama de algodón color durazno.
La sorpresa al ver a Enzo me dejó aturdida, y en medio del pánico, olvidé ese detalle.
Un torbellino de emociones me había hecho perder la noción de las cosas.
Enzo me miró brevemente, con la misma emoción en su mirada, y luego asintió suavemente.
Se quedaba sin palabras.
De inmediato, sentí que todo mi cuerpo se tensaba, una aversión incontrolable me invadió.
No podía entender cómo