Estaba desesperada y, sin pensarlo, dije rápidamente: —Ha pasado algo, mi abuela ha desaparecido.
—Tranquila, te ayudo a buscarla.
—¿No viniste por trabajo? Atiende lo tuyo primero…
—No te preocupes, que tu abuela esté desaparecida es lo más importante. No perdamos tiempo, ¡vamos!
Enzo me dio una palmada en el hombro y juntos entramos a la residencia.
En la habitación solo estaban Mario y su asistente. Al verme, Mario frunció el ceño:—Señorita Lamberto, ¿qué ha ocurrido? Justo en este momento cr