Rara vez veía a Olaia tan seria, y un sentimiento indescriptible de inquietud comenzó a crecer en mi interior.
Parecía como si algo estuviera a punto de desmoronarse.
Miré fijamente a Olaia, apretando los labios: —Estoy preparada, dímelo.
—En realidad...
A Olaia le costaba hablar. Apretó los dientes antes de soltarlo de una vez: —En la universidad, la persona que te llevó a la enfermería y te trajo comida no fue Marc.
¿Qué?
Mi mente quedó en blanco por un instante, y me quedé completamente aturd