—¿Con qué derecho estás tan satisfecha? —gritó ella con el pecho agitado y una mirada feroz en sus ojos—: Delia, tú me obligaste a hacerlo. ¡Tú hiciste que él me echara del país...! Cuando logro convertirme en su esposa, ¡te haré que te largues de la ciudad!
—¿Te echará del país? —me sorprendí un poco.
Pensaba que, aunque Marc hubiera accedido en la petición, aún guardaría cierto afecto por ella, y lo máximo que haría sería no casarse con ella. No esperaba que pudiera hacer algo tan decidido.
—¡