—Mi querida Rosalind, hay virtudes que se aprecian más en la sociedad —dijo Jacqueline, con voz suave pero afilada—. Observar y aprender de quienes manejan estos negocios es siempre prudente. Trazar un camino en los negocios, que te lleve a una cima digna de los Ainsworth… eso también es un arte.
Rosalind levantó ligeramente la barbilla, con esa elegancia natural que la distinguía:
—Coincido plenamente, madre. Por eso sigo construyendo mi propio camino en el arte. Paso a paso, como usted