Capítulo 37: Ayudando al esposo.
Tras unos segundos que parecieron eternos, Rosalind tomó con calma el documento que su marido le indicó con un gesto de la mano. Pero en lugar de buscar una silla, se impulsó para sentarse en la esquina del escritorio, justo frente a él, con una audacia relajada y pícara.
El roce de su falda contra la madera rompió el silencio con un suave "ziibs"… un pequeño sonido que hizo que Donovan parpadeara instintivamente.
Sus ojos verdes bajaron fugazmente hacia los muslos de la bella mujer, piel cl