Sus ojos azules se abrieron lentamente. Su mirada se paseó por su amplia habitación de la mansión.
Todo se sentía un sueño.
Rosalind Ainsworth, llevó sus dedos a su cuello… Tocó el collar, el colgante de la rosa de oro seguía ahí, con ella.
—Sucedió, concluí con éxito mi primera exhibición… —se dijo la mujer. Una sonrisita pequeña curvó sus carnosos labios.
¡HASTA QUE ESE RECUERDO LLEGÓ DE GOLPE!
Un beso…
Ella lamió sus labios lentamente, recordando esos labios contra los de ella, su