Capítulo treinta y seis: La golfa tiene nombre
“Narra Sofia Galanis”
—¡Pobrecita! Me da tanta pena —escuché una voz que me pareció familiar. Era de una mujer, aunque no parecía sincera. Reconocí a Apolo y cuando él me incorporó para darme un trago, la misma voz femenina agregó—: Está fatal...
—Bebe. Te hará sentir mejor —me incitó Apolo.
No había nada que pudiera hacerme sentir mejor. Apolo se estaba aprovechando de mi enfermedad. Bebí, porque supuse que ningún argumento le valdría a él.
—Vete