Los ojos de Rose brillaban intensamente como estrellas, sus ojos ardían con una fe inquebrantable. "No, tiene que hacerlo”.
Los ojos de George estaban inyectados en sangre, y sus pupilas escarlatas mostraban su rabia sin igual. "Ange Lin, no me importa quién eres. ¡Y no quiero saber quién te dio instrucciones de venir aquí, pero te irás de aquí inmediatamente!"
Rose dejó escapar un suspiro de impotencia.
Parecía que el nombre ‘Ange Lin’ era contraproducente.
Su padre sospechaba que sus motiv