“Eso fue quizás debido a mi negligencia anoche. Los paparazzi pudieron aprovecharse de mí”. Una capa de hielo cubría el apuesto rostro de Jay.
En el rostro lleno de arrugas por las dificultades del tiempo del Viejo Gran Amo Ares emergió una mirada aguda que podía leer las vicisitudes de los cambios más pequeños. “Jay, has vivido una vida tranquila durante tantos años. Los paparazzi de la Capital Imperial no tienen autoridad ni poder. ¿Quién se atrevería a ofenderte?”.
“Yo entiendo, Abuelo”. Lo