El Señor Ares miró a la Hermana Trece con frialdad. Su mirada carecía del amor paternal que siempre le había mostrado.
“Sabía que tenías un motivo oculto cuando te mudaste a la familia Ares en aquel entonces. Sin embargo, no esperaba que fueras tan malvada y tuvieras un corazón tan cruel a tan temprana edad. El amor y la adoración de Angeline hacia ti no calentaron tu corazón en absoluto. Para mí, no solo eres un traidor. No tienes corazón”.
La Hermana Trece miró al Señor Ares con perplejidad.