Sin embargo, el resfriado llegó con demasiada violencia. Al mediodía, Jay comenzó a tener fiebre. Su temperatura corporal se elevó a 41 grados centígrados, e incluso el valiente Jay no pudo resistir el surgimiento de esta enfermedad. Se acostó en la cama como si estuviera en su último aliento.
Con lo último que quedaba de conciencia, simplemente seguía exclamando: “Angeline, Angeline…”.
Como si estuvieran conectados telepáticamente, Angeline había estado aturdida desde que se levantó por la ma