El Gran Viejo Amo Yorks miró a Jay como si le suplicara ayuda. “Jay…”.
Jay estaba en una situación difícil. Recordó las innumerables noches en las que Angeline intentó suicidarse y autolesionarse. El rostro de ella se había llenado de desesperación e inconmensurables lágrimas. Jay dijo con miedo persistente: “El cuerpo de Angeline no puede soportar más daño. Lo siento, Abuelo. No aceptaré que Angeline regrese a la casa de los Yorks. Especialmente cuando Mamá todavía es tan hostil hacia ella”.