Angeline miró los diversos equipos de entrenamiento colocados en el suelo y sintió ganas de llorar.
Jay ya no era tan imponente y la convenció suavemente, diciéndole: “No tengas miedo. Comencemos con el ejercicio más simple”.
Angeline le suplicó lastimosamente: “No tengo la energía”.
Jay la tomó en brazos y la subió a una de las caminadoras. Él sostuvo sus pequeñas manos con las suyas. “Te protegeré para que no te caigas. Hoy es solo tu primer día. Solo tendrás que hacerlo durante unos minuto