Boye sintió la poderosa aura que emanaba de Jay. Se sentía como un campo de congelación bajo cero, haciéndola temblar inconscientemente.
“Puedo curar la enfermedad de Angeline”. Boye no quería que su nieto se preocupara todo el tiempo por la enfermedad de Angeline y se sintiera inquieto por ello. Como tal, tomó la iniciativa de proponer un tratamiento para Angeline.
Sin embargo, Jay se negó rápidamente. “Gracias por tus amables pensamientos, pero creo que mi querida Angeline no los necesita”.