“No podemos regresar. Ya no tengo fuerzas para volver. Cuida de nuestros hijos, Jaybie. Trata bien a la Hermana Trece. Prometí hacer que fueran a la escuela y que llevaran una vida normal. Por favor, cumple este deseo pormí”.
Jay sintió que se le heló la sangre. Angeline no parecía entablar una conversación normal con él. Sonaba más como si estuviera dejando un testamento.
Jay se derrumbó por completo, las lágrimas rodaban por sus ojos. Incluso su habla se volvió confusa. “No... Angeline, no