Los ojos claros de Angeline miraron a Spencer con seriedad, como si fuera una buena estudiante recitando su libro de texto a una maestra. Hablaba con fluidez y sus palabras no contenían nada más que la verdad. Nunca perdió el ritmo al contar la historia de cómo la Hermana Shirley se había sacrificado para salvar a tantos en todos estos años. Habló de lo trabajadora, desinteresada y dedicada que había sido la Hermana Shirley.
Después del largo discurso, Spencer se sintió algo conmovido por todo.