El rostro de Jay palideció cuando escuchó esas palabras. Angeline no podía permitirse el lujo de preocuparse demasiado por temor a que su estado empeorara.
Jay dijo nerviosamente: “Querida Angel, si tienes miedo, ¿podemos ir a otro lugar?”.
Angeline sonrió y negó con la cabeza. “Mientras esté contigo, no tengo miedo”.
Jay sintió que un peso se le quitaba de los hombros. Él fulminó con ferocidad a Zayne, quien lo asustó.
Zayne sollozó y dijo: “Hermano mayor… tengo miedo. Por favor, considera