GRACE REED
El sonido rítmico y suave de las olas rompiendo con calma bajo el piso de madera de nuestra villa fue lo primero que invadió mis sentidos.
Abrí los ojos despacio, parpadeando contra la claridad. Pasé la mano por el lado vacío de la cama. Las sábanas aún guardaban el calor del cuerpo de Dominic, pero él ya se había levantado.
Me estiré, sintiendo cada músculo de mi cuerpo crujir y relajarse de una forma que no experimentaba desde hacía años.
Me senté en el borde de la cama, me puse un