GRACE REED
Las tres mujeres me miraban como hienas rodeando a una presa herida. Esperando que sus insultos me lastimaran y me hicieran llorar.
Pero la Grace que lloraba por traiciones y humillaciones se había quedado atrás.
Me reí. Fue una risa genuina, seca y llena de burla.
La rubia del vestido rojo parpadeó, confundida. Su sonrisa vaciló por un segundo.
— ¿Te parece gracioso? ¿Te parece gracioso saber que solo eres un pasatiempo?
— No — respondí, despegándome del lavabo y dando un paso al fr