JESSICA MAYES
El sonido metálico de la llave girando en la cerradura pareció la melodía más dulce que había escuchado en toda mi vida. Cuando la gran puerta doble finalmente se abrió, revelando el interior del apartamento de lujo, tuve que contener la respiración por un segundo entero para no gritar de pura euforia.
Pisé el suelo de brillante mármol blanco, escuchando el sonido agudo de mis tacones altos. El lugar era simplemente un palacio en las nubes, una obra de arte hecha de dinero puro.
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