Una nota para cenar.
Voy a asomarme dudosa pues aún es temprano y tal vez en realidad no lo sea. Quizás solo sea alguien de la servidumbre. Entonces me percato que si, es Julián. Salgo de mi habitación rabiosa y corro hasta alcanzarlo a mitad de la escalera.
—¡ Julián!— Él se detiene y al verme hace un gesto fastidiado y continua su camino. Acelero el paso y lo alcanzo tomándolo con rapidez de su brazo.
—¿ Que te pasa? —Se safa de mi agarre mientras me mira con desdén.
—¿ Por qué me impides salir? Tengo derechos