Regresando a Canadá.
Entro a la casa y miro a Dayanna. Ella se levanta de frente de su laptop al verme llegar con gesto afectado. Estoy a punto de llorar con impotencia y no puedo hablar ahora. Dejo a los bebés y corro para esconderme en mi habitación. Ella parece comprender y se queda abajo mirándome mientras toma a uno de los niños.
«Sabía que algún día me ibas a pagar la humillación de irte y abandonarme llevándote a mis hijos contigo, como disfruto imaginando tu estúpida cara leyendo estas palabras ahora mism