ANDROMACA
—Abuelo yo también te amo—lo abraza y siento mi corazón derretirse, Stavros no es tan frio como pienso, lo es conmigo por el resentimiento que tiene—pero no me presiones por favor, tengo tantas cosas que resolver que un hijo ahora mismo sería una complicación.
Escucho y me mantengo en silencio acariciando uno de los cabellos, esto no lo sabía, me encantan los niños y quiero ser madre, pero no en estas condiciones.
—Quiero que tengas una vida, una descendencia, sabes que son las reglas en la familia—Stavros asiente.
—Señor Makri—llama la empleada—el veterinario acaba de llegar.
—Dile que ya estoy con el, gracias—le dice a la empleada—celebraremos el nacimiento de…—piensa por un momento—debes ponerle nombre al potrillo.
Palmea su hombro y a mi me da un beso en la mejilla para alejarse encaminándose al encuentro con el veterinario, el ambiente entre los dos se vuelve a tensar, no quiero romper el silencio porque siempre son dardos que me lanza.
—¿Montamos? —propongo y niega.
—¿