**CAPÍTULO 18**
James corría con una desesperación latente, como si el alma de su existencia dependiera de la velocidad de sus piernas. La niebla del bosque se disolvía a su paso, y el latido desbocado de su corazón era el único tambor que escuchaba. Seguía ciegamente las indicaciones de esos hombres de blanco, ellos eran la única esperanza que le brindaba a su luna.
—Resiste, mi luna —murmuró con la garganta seca, cada paso una plegaria. No podía permitir que ni una pizca de daño tocara a su a