Maya entró al comedor y vio a Idris de inmediato. Estaba en su mesa de siempre. Dos bandejas ya estaban allí. Levantó la vista cuando ella se acercó y sonrió con esa sonrisa sincera. —Viniste —dijo. —Dije que vendría. Ella se sentó frente a él. Miró la bandeja. Un sándwich. Papas fritas. Una manzana. Exactamente lo mismo que había pedido la última vez. —¿Me trajiste el almuerzo? —Traje el almuerzo para los dos —se encogió de hombros—. Estabas en clase. Tuve tiempo. Maya no supo qué responder. —