Mundo ficciónIniciar sesión"Dime que esto no es real." La mano de Raid Bennett se apretó alrededor de mi cintura bajo las luces del estadio, su boca peligrosamente cerca de la mía mientras toda la escuela nos observaba desde el estacionamiento. "No es real," dijo en voz baja. Como si quisiera que fuera verdad. Luego me besó como si quisiera que Mason Chester se ahogara con ello. Raid Bennett nunca debió suceder. Es el notorio capitán de hockey de Ashford High. Un alborotador temerario con nudillos magullados, hábitos de carreras clandestinas y un talento para hacer que las malas decisiones parezcan atractivas. Todo en él grita desastre. Lo cual es exactamente por qué lo elegí. Porque dos semanas antes, Mason Chester, capitán de fútbol americano, chico dorado y mi mejor amigo desde la infancia, me humilló frente a la mitad de la escuela al descubrir que toda nuestra relación comenzó por una apuesta. Seis meses. Ese era el desafío, hacer que la chica nerd se enamorara de él. ¿Y estúpidamente? Lo hice. Así que después de la ruptura, fui directo hacia el mayor rival de Mason con un trato. Yo ayudo a Raid a pasar Química para que pueda seguir en el equipo. Él finge salir conmigo el tiempo suficiente para hacer miserable a Mason. Simple. Al menos… debería haberlo sido. Pero entre tutorías nocturnas, peleas de celos, insultos susurrados en pasillos y besos que se sienten demasiado reales, Raid deja de actuar como si esto fuera un juego. El problema es que Raid Bennett viene con secretos peligrosos. Y cuanto más me enamoro de él… Más me doy cuenta de que el chico que me ayuda a tomar venganza podría ser el mismo capaz de romperme el corazón peor que Mason.
Leer másEra una noche fría de invierno, y allí estaba yo, sentada en mi trono, disfrutando de una velada única e inigualable. Aquella era una velada que era especial para mí, puesto que la bruja de mi reino, que era mi mejor amiga, Sanie, ella había conjurado un precioso hechizo en el que, al menos unas 30 personas, estaban dispuestas a hacer todo lo que yo quisiera que les ordenará hacer.
En ese momento, nos encontrábamos celebrando una fiesta de origen carnal, una fiesta en que la que mis súbditos humanos se tocaban entre ellos para darse mucho placer. Eran hombres y mujeres, especialmente, de piel blanca, todos con estatus social alto, a pesar de que eran humanos. Todos ellos vivían como reyes, por qué aunque yo era la reina vampiro, y ellos unos simples inmortales, ellos sabían que debían de llevar bien la fiesta para ser acreditores de todos sus beneficios, ese privilegio incluía el hecho de ser malditos por una bruja y ser obligados a hacer todo aquello que yo quisiera que hicieran dentro de mi castillo.
Mi sirvienta, Hanna, servía incontables copas de vino cada tiempo que pasaba, y me las entregaba a mí, por suerte, al ser un vampiro, mi sangre era irresistible al alcohol de estos licores y ninguno podía ser capaz de emborracharme como lo haría un humano así tan fácilmente con tan solo beber tres copas seguidas. A mi lado, estaba mi mejor amigo, Edward, mi cómplice de todas mis aventuras como vampira, y como reina. Así como yo, él disfrutaba de toda esta velada.
— Mi reina, siempre he sido un fiel admirador de cómo eres capaz de divertirte con quien quieras hacerlo. Sin recibir quejas ni reproches. Eres una vampira admirable. Me siento orgulloso de ti. ¿Lo sabes, verdad? — susurró Edward a mi oído sin quitar la mirada de lo que pasaba frente a nuestros ojos.
Sonreí con satisfacción al escucharlo.
— Mi querido, Edward. Gracias por tu comentario, es muy halagador, pero ¿No prefieres que hagamos otra cosa? No lo sé, tal vez podamos irnos a un lugar más privado… — ofrecí con una mirada perversa, la verdad era que yo ya estaba sintiéndome demasiado excitada como para no poder controlarlo. Si no lo hacía, las cosas iban a ponerse muy feas en el momento.
Gracias a que yo era vampiro, no solamente era capaz de leer la mente de los humanos, saber cuáles eran sus mayores deseos, y placeres en la vida, sino que también, era muy capaz de leer la mente de los vampiros más débiles, y parece que mi mejor amigo, era uno de aquellos vampiros débiles porque yo estaba leyendo lo que estaba él pensando en ese momento acerca de mi propuesta.
“Sí, mi reina. Iré con usted a donde se le plazca llevarme. Hágame lo que quiera hacerme, hágame el amor como si fuera una fiera, que aquí estoy para complacerla en todo”
Aquello era todo lo que yo necesitaba para saber que la fiesta de esta noche iba a ser más que espléndida. Entonces, como Sanie estaba sentada a mi lado, decidí acercarme a ella, y le hablé al oído para pedirle un favor; le pedí a Sanie que ella hipnotizara a todos los súbditos asistentes a la fiesta, y que con esa hipnosis, ella les pidiera a ellos que se mantuvieran firmes, quietos y atentos a todo lo que se encuentran haciendo en ese momento.
Sanie solo tuvo que pronunciar una palabra de nuestra lengua antigua para que mis súbditos obedecieran a mis órdenes. Esa palabra fue Nahum que en nuestro idioma significa permanencia a querer seguir haciendo lo que estás haciendo sin resistencia hasta que el brujo que te ha hechizado te permita ser libre de todo mal sin sufrir consecuencias.
Me retiré de la fiesta con Edward siguiendo con obediencia cada uno de mis pasos. Se sentía tan maravillosamente estupendo la idea de tener súbditos y vampiros rendidos ante mis pies que yo ya estaba sintiéndome mucho más poderosa de lo que ya era hasta incluso antes de que me apoderara de mi trono.
Edward y yo nos metimos dentro de una puerta que se refugia en medio de las paredes grises oscuras del castillo porque esta era negra. El pasillo era iluminado por antorchas que tenían fuego encendido a su más alto furor. El calor estaba siendo potente en ese sitio del castillo, pero yo lo soportaba porque mi piel se adecuaba muy bien a este tipo de clima, yo nunca sentía si había calor o frío, mi piel se mantiene a temperatura ambiente. Aunque los humanos que me tocaban la mano para saludarme siempre me decían que yo tenía la piel muy helada como si la hubiera metido dentro de un congelador y la hubiera dejado allí por horas sin sentir nada hasta que esta estuviera a punto de congelarse, lo cierto era que yo siempre me mantenía a temperatura ambiente.
Caminamos por el pasillo hasta que mi cuerpo me llevó instintivamente hasta una puerta, está a diferencia de las demás, era una puerta roja que se destacaba de todo lo oscuro que hay a su alrededor. Sin decir nada, Edward supo qué hacer; él sacó un juego de llaves que conservaba guardadas en un aro de metal, eran varias, porque cada una de ellas cumplía una función principal en el interior del castillo, aquellas funciones nada más las conocíamos era Edward, Sanie, las llaves y yo.
Edward escogió la llave correcta, la introdujo en la perilla y la puerta rápidamente respondió. Abriéndose de par en par, la puerta nos cedió el paso a Edward y a mí, entramos a la habitación, y una vez allí dentro, Edward cerró la puerta mientras le ponía seguro para querer asegurarse de que nadie fuera a ser capaz de querer abrir la puerta solo por pura curiosidad.
La habitación a la que hemos entrado se conocía como La habitación roja. Y para Edward y para mí, era nuestra habitación favorita del castillo, porque en ella, solíamos divertirnos mucho cuando queríamos privacidad.
— ¿Estás lista para el final perfecto de esta velada, mi reina?
Rodeo la habitación, hasta que finalmente llegó a acomodarme encima de la cama. Me acuesto encima de ella con sensualidad, provocando que la falda de terciopelo roja de mi vestido se alce un poco más de encima de mis rodillas, a punto de irse encima a mis caderas.
Dejo mis piernas descubiertas, y puedo ser una fiel testigo de cómo Edward se relamió los labios y no le quitó la mirada de encima a mis piernas mientras que las miraba con deseo insaciable.
— Ven aquí, mi querido, Edward. Esta será una de las mejores noches sexuales que hemos podido vivir nunca.
Edward sonrió con deseo, y se acercó hasta donde yo estaba, con lentitud y delicadeza se posó encima de mí, y sus labios inmediatamente se dedicaron a saborear los míos con mucha pasión, así como si pretendería querer comerlos de un dolo bocado, pero queriendo guardar un poco solo para el postre.
Entre jadeos y gemidos, Edward y yo estuvimos a nada de terminar rompiendo la cama de la fuerza bruta que usamos mientras que tuvimos sexo. Parecíamos un par de conejos que no se calmaban con el más mínimo roce. Todo se sentía como si ambos hubiésemos dejado de sentir tanto placer por mucho tiempo y ahora nuestro cuerpo pedía a gritos que lo hiciéramos sin parar hasta que no pudiéramos aguantar más.
— Edward, mi querido, Edward. Siempre lo diré; eres el mejor amante que cualquier mujer pueda desear meter a su cama. Haces el amor como si fueras un Dios griego caído de su templo — confesé mientras que intentaba calmar un poco mi agotada respiración.
Edward no respondió ante mi comentario, sin más, él se acercó a mis labios, y los besó.
RaidFlashbackMe quedé mirando mi teléfono mientras contemplaba si debería llamarla o no. Mis dedos bailaban sobre su contacto y gemí cuando no pude hacer clic en él.¿Por qué es tan difícil maldita sea llamarla?Es una estúpida cita falsa por el amor de Dios y aquí estoy, actuando como si fuera mi novia de verdad. Esto es tan estúpido."Veinte minutos," dijo uno de los gemelos. Ni siquiera levanté la vista para saber cuál. Mi cabeza estaba toda revuelta ahora mismo por culpa de una nerd loca. Me reí de mi propia frustración.Esto era nuevo.Decidiendo no enviarle un mensaje, guardé el teléfono en el bolsillo y me subí a Sissy. Rugió cuando la encendí y el sonido pudo distraerme de mi dilema interno, al menos por ahora.Necesitaba concentrarme. Tenía que ganar esta carrera. Sabía que lo tenía bajo control pero nunca me había distraído así antes, así que estaba un poco asustado.Suspiré y esperé hasta que fue hora de comenzar. *Tú puedes,* me dije a mí mismo mientras empujaba cada pen
ChanceAhora estaba sentado recostado contra el cabecero mirándome y yo estaba tratando tan fuerte de no tener un colapso interno porque sus ojos apagados me estaban haciendo agujeros.Me aclaré la garganta. "¿Qué te pasó?" pregunté."¿Chance Monroe faltando a la escuela para venir a buscarme? Me siento honrado. Maldición ¿estás preocupada por mí baby?" Trató de cambiar el tema con su descaro y sonrisa de siempre pero falló cuando gimió y se agarró el estómago.Le levanté una ceja. Él suspiró y luego sacudió la cabeza."Aprecio la preocupación Monroe pero no es nada ¿ok? Estaré bueno como nuevo para mañana" dijo en serio. Su tono tenía una nota de finalidad que me dijo que no quería hablar de ello.Suspiré mientras me senté en su cama. Sabía que no tenía exactamente el derecho de preguntarle pero no podía evitarlo. Verlo todo golpeado, magullado y débil no estaba bien. No lo culpo aunque. No somos reales. Por eso todavía estoy desconcertada de haber venido aquí."Al menos podrías habe
ChanceJugueteaba con mi pluma mientras trataba de enfocarme en lo que la señora Wade estaba diciendo. Estaba fallando.Mi estúpido cerebro se negaba a enfocarse en mi materia favorita sino más bien en la única persona que actualmente odio con cada maldición de mi existencia.Era lunes y todavía sin ninguna palabra de mi novio falso.Al principio estaba muy enojada, luego me irrité y ahora, por mucho que odie admitirlo, estoy preocupada.No se presentó a la escuela.Una cosa es que me haya dejado plantada e ignorado mis mensajes de texto y llamadas pero no presentarse a la escuela me asustó.¿A quién engaño? Estamos hablando de Raid Bennett aquí. Ese imbécil no era exactamente un estudiante comprometido así que puede que me esté preocupando por nada y él estaba por ahí haciendo algo descuidado o estúpido, tal vez ambas cosas.Sacudí la cabeza mientras decidía enfocarme en lo que la maestra estaba diciendo. Está bien, solo siendo un idiota como de costumbre."¿Estás bien?" Selene susur
SeleneLo de Julian Cross era que nunca se quedaba el tiempo suficiente para que las cosas se volvieran incómodas. Era simple. Venía, teníamos sexo increíble y luego se iba. Simple. Pero estaba empezando a cansarme de lo simple.Como ahora, ya se estaba poniendo la camiseta antes de que siquiera hubiera recuperado bien el aliento, moviéndose por mi habitación con comodidad mientras recogía la ropa que había dejado tirada.Lo observé desde la cama, con el cabello hecho un desastre y las sábanas apenas cubriéndome, y no dije nada porque era simple.Era absurdamente atractivo. Ese era el origen de todo el problema, sinceramente. Si Julian Cross hubiera sido aunque fuera un poco menos atractivo, toda esta situación podría haberse evitado. Pero no. Tenía que tener esa mandíbula y esos ojos que me atraían y me dejaban sin aliento. Era diferente de los otros deportistas, y eso ya es mucho decir. Sabía que se acostaba con cualquiera, al principio no me importaba, pero ¿ahora? Ahora me estaba
Último capítulo