La sala de conferencias del hotel más lujoso de la ciudad estaba preparada para un evento que prometía ser histórico. Una mesa larga de madera pulida ocupaba el centro, rodeada de sillones de cuero negro. Grandes ventanales dejaban entrar la luz de la mañana, que iluminaba los rostros expectantes de los inversionistas más influyentes de la región.
Todos hablaban en voz baja, intercambiando rumores. El nombre de Alexandre seguía teniendo peso, pero los comentarios recientes sobre irregularidades