La puerta del pequeño apartamento resonó con tres golpes suaves. Valeria, que había estado mirando distraída por la ventana, se apresuró a abrir. Al otro lado, Mónica apareció con una sonrisa amplia, cargando una botella de vino en una mano y una bolsa con galletas y queso en la otra.
—¡Aquí está la salvación de tu noche! —anunció con voz cantarina.
Valeria la abrazó con fuerza, y por un momento sintió que una parte de la carga que llevaba en su pecho se aligeraba.
—Moni, no sabes cuánto necesi