Sigo.
La historia no se apura. Se despliega.
⸻
Hubo un momento, casi imperceptible, en el que ella dejó de pensarse a sí misma en relación con lo que había vivido. No fue una decisión consciente ni un acto simbólico. Simplemente ocurrió. Como cuando un dolor viejo deja de doler y, al notarlo, ya no está.
Ese día fue sencillo. Despertó tarde, porque era sábado. El sol entraba sin pedir permiso. El café se le enfrió mientras leía algo sin importancia. Nada extraordinario pasó. Y, sin embargo, al