El avión aterrizó con un golpe suave que marcó el final de un trayecto corto y, al mismo tiempo, el inicio de algo que ninguno de los dos se atrevía todavía a nombrar. No porque faltara claridad, sino porque ahora entendían el peso real de las palabras cuando se pronunciaban demasiado pronto.
Ella caminó por el pasillo del aeropuerto con su maleta de mano rodando a un ritmo constante. Alexandre iba unos pasos detrás, no por estrategia, sino por costumbre recién aprendida: no invadir, no adelant