La noche estaba tan oscura que los árboles parecían paredes negras a su alrededor. El bosque se tragaba cada sonido, cada suspiro, cada paso tembloroso que daban.
Valeria sostenía a Gabriel casi por completo. Él apoyaba su peso sobre ella, respirando con dificultad. El niño caminaba pegado a su costado, agarrado a su abrigo con una fuerza desesperada.
—Mamá… tengo frío —susurró.
—Ya casi encontramos un lugar seguro, mi amor. Aguanta un poquito más —prometió, aunque no estaba segura de a dónde i