57.
Sonrío cuando ella hace un puchero, aún sigue dormida. Acaricio su melena, pero dejo de hacerlo cuando mis dedos se enredan en ella. Me levanto de la cama. Antosha aún sigue a su lado.
Me amarro la melena con una de sus ligas. Es una lástima que aún no haya utilizado alguna; quiero tener su olor encima de mí todo el tiempo. Cuando estoy a punto de salir, la puerta se abre y entra ella como un rayo. No confundiría ese cabello negro en ningún lado. De inmediato salgo del dormitorio, lo que menos d