Mundo de ficçãoIniciar sessãoVanessa
Meto mi cuchara en la botella de helado de vainilla y me lo llevo a la boca sin dejar de mirar el programa de noticias que más bien son chismes de la sociedad empresarial. Llevo 6 meses aquí encerrada sin tener el más mínimo contacto con el exterior, así que este tipo de programas son la mejor manera de enterarme de qué pasa ahí afuera. Hablan de nuevos proyectos para la ciudad, los mejores restaurantes hasta ahora y ahora tocan un tema que me llama la atención, tiene que ver con mi marido ausente. "El magnate Meison Byrne que hace poco fue anunciado como próximo director de seguridad por su suegro… el presidente de estado Iván Whelan, se le ha visto a Byrne en repetidas ocasiones con una mujer que no es su esposa..." Me llevo otra cucharada de helado a la boca, era de esperarse, no me sorprende, analizo la imagen de mí "esposo" que va junto con una mujer alta de cabello cobrizo a su lado mientras mira una hoja que lleva en las manos y habla con él, Meison le abre la puerta para que entren a un restaurante y ahí se pierden de la vista de la cámara. "La mujer es su secretaría, van juntos a todos lados, ya que supongo tiene bastante trabajo, la mujer va cargando varias carpetas a cualquier lado que van juntos, pero aun así todo mundo se pregunta ¿Dónde está su esposa? La prestigiosa abogada Vanessa Byrne ha estado fuera del ojo público desde el fallecimiento de su madre y poco después él de su anterior prometido..." La cuchara se queda a medio camino del helado, de pronto todo se queda en silencio, la imagen de mi madre y Erick se cuela en mi mente por unos segundos, segundos tan cortos que no se me permite admirarlos como hubiera querido, la realidad regresa, los sonidos se vuelven nítidos. "… algunos dicen que no se ha recuperado de sus pérdidas, que aún sigue en luto y..." Apago el televisor y me pongo de pie para ir a regresar el bote de helado al refrigerador, me pongo a lavar la cuchara para después dejarla en su lugar que manera de perder el apetito; avanzo por el pasillo de mi lado izquierdo, voy a la puerta del final y entro a la habitación, me invade el aroma a pintura, aspiro y me acerco para tomar un lienzo blanco y ponerlo en el tripié, me siento en mi banco y observo al gran ventanal en busca de inspiración, pero siempre es lo mismo, la vista desde aquí, la terraza o mi habitación... no hay nada más que el cielo, ya lo he pintado en todas sus facetas, soleado, nublado, con lluvia, cubierto de nubes blancas, sin ellas, el cielo del atardecer, hasta el cielo nocturno, con estrellas y sin ellas. Suspiro y comienzo a revolver pinturas hasta lograr una mezcla de verde pino, comienzo a pintar un paisaje, me imagino en la orilla de un lago, viviendo en una cabaña en medio del bosque, pinto el pasto verde, largo y resplandeciente, arbustos con algunos frutos, árboles y algunos pinos con ardillas en sus ramas. Pasan las horas en lo que estoy enfrascada en mi dibujo, tratando de plasmar lo mejor que pueda las imágenes que mi mente está creando, el sol se oculta por completo y el cielo se cubre de la tinta nocturna, cuando termino me paso una mano por la frente y analizo mi pintura, empezando desde la parte de abajo en donde corre un río cristalino con peces, subo para encontrar una pequeña cabaña rústica rodeada de arbustos, más arriba árboles que sobrepasan el techo y más arriba, en las copas de esos árboles el lienzo está en blanco... me faltó el cielo, y es absurdo pensar que a pesar de que sé pintarlo a la perfección en todas sus fases, pensar en hacerlo me quita la inspiración y el amor a pintar en absoluto... Me levanto y dejo el cuadro secando, me detengo en la puerta observando los demás cuadros que descansan colgados en las paredes... suspiro y me voy a mi habitación para entrar directamente al baño, me deshago de la ropa manchada y me meto directamente en la ducha, el agua se lleva con ella el color verde, la pintura que no tengo la menor idea de en qué momento llegó a mi cabeza, cuando salgo de la ducha me seco el cabello y meto en un conjunto de pijama de shorts con camisa de tirantes y me voy a la cama, al apagar la lámpara la luz de la noche ilumina completamente mi habitación, antes ver la luna me parecía bellísimo, ahora desde que la tengo tan cerca me parece toda una molestia la desgraciada, me levanto para correr la cortina, al principio los ventanales de piso a techo me parecían increíbles, ahora no tanto. Dejo abierto un pequeño espacio para que ilumine los muebles frente a los pies de la cama y me voy directo a dormir, no sin antes acomodar la almohada de al lado en vertical para abrazarla y subirle la pierna. ˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜ Me duermo rápido, no pasan ni 5 minutos que mi cabeza toca la almohada cuando caigo dormida, pensé que tenía el sueño pesado, ha habido tormentas que hacen que las gotas de lluvia parezcan balas contra el cristal, truenos en el cielo que a mi altura se escuchan fuertísimo, sin embargo me acostumbre a ellos y dormía como un bebé, ningún sonido me despertaba, hasta ahora. Abro los ojos poco a poco al escuchar un sonido inusual, no son gotas de lluvia, no son los truenos del cielo, es un sonido nuevo entre el silencio habitual, son cosas moviéndose, cajones abriéndose con un extremo cuidado que no entiendo cómo es que ese sonido tan sutil me despertó. Abro los ojos y noto una sombra, conforme despierto más, la sombra va agarrando forma, es un hombre, al principio creo que se trata de Meison, pero el sujeto tiene puesto un pasamontañas y un atuendo completamente negro, un ladrón... Cualquiera en su sano juicio estaría quizás aterrada, pensando en escapar o llamar a la policía, pero yo... aprovecho el suave sonido de cuando abre un cajón para deslizarme y sentarme en la cama apoyando la espalda en el cabecero, en lo que lo observo hurgar en mi cajón de sostenes, el sujeto es enorme, tiene hombros anchos y brazos fuertes, las mangas largas de su camisa abrazan sus antebrazos y bíceps, el pantalón le queda ajustado del trasero, ladeo un poco la cabeza y asiento con aprobación; el sujeto niega con la cabeza y cierra el cajón, mira la puerta para salir y algo extraño se posiciona en mi pecho, la idea de que se vaya no me agrada para nada, quizás ya pasé bastante tiempo en cautiverio que me afectó, sin pensarlo antes, las palabras se me salen. — Las joyas están en la cómoda de este lado.






